One Less “Día 2”

-Agua y Comida-… aquel hombre era el líder de un pequeño pueblo de sobrevivientes, se ocultaban en una vieja ciudad, la cual habían cubierto con rejas y metales que la hacían lucir como una enorme jaula, nos ofrecieron agua y comida por haber salvado a aquel hombre, Yuri.

La gente vivía casi libremente, era tan agradable estar en ese lugar, alimento, agua, incluso habían encontrado la manera de hacer luz, pero aquel hombre había desaparecido justo la noche en que llegamos, la gente nos había acusado de haberlo matado, nos despojaron de lo poco que poseíamos, nos ataron a postes, incluso a Ángelo que tan solo tenía 10 años, parecía que primero nos arrojarían rocas y después nos prenderían fuego.

Intentamos hablar con ellos, de verdad lo intentamos, lo menos que hacíamos era dar problemas, pero eso fue porque Gustav y yo decidimos salvarlo, Roberto tenía ese rostro de severidad, observándonos molesto, Ángelo simplemente se encontraba atado mirando a la gente, observando como aquellas personas que nos acusaron hablaban, dieron un discurso sobre la justicia y los asesinos, cuando otro hombre apareció, gritando que había sido su propia hija quien lo había asesinado, y lo había arrojado a uno de aquellos pozos con agua sucia, la gente comenzó a pelear entre ella, arrojaron rocas hacia nosotros y luego entre ellos, algunas lograron golpearnos, observamos a una mujer acercarse, su cabello era casi blanco y sus ojos se notaban de un verde claro, su piel era de igual manera muy clara, nos desataba con algo de trabajo, mientras otra niña oculta no muy lejos nos hacía señales.

Gritaron, se golpearon con fuerza, hasta que algunos comenzaron a sacar sus armas, comenzaron a gritar y a dispararse, aun con todos aquellos niños observando, atrapados en el caos, con todas esas personas matándose por una idiotez, -Idiotas- dije molesto, observando a la mujer que me desataba, parecía de mi edad, aunque se notaba muy calmada a pesar del caos que había alrededor.

De repente se observó como la gente gritaba con aún más fuerza, y se movían como una enorme masa, pasando junto a nosotros, dispersándose para huir y como comenzaban a ser lanzadas por los aires, otros giraban para intentar apuntar a algo detrás de ellos.

Eran aquellos monstruos, rugiendo, sujetando a la gente para devorarlos, sentí aquel miedo, ese temblor en mis manos, mi respiración se agitó mientras intentábamos terminar de liberarnos, Roberto se zafó primero, giró para desatar a Ángelo, mientras la mujer terminaba a de desatar a Gustav.

Observamos a un ser lanzarse contra nosotros, cuando algo lo golpeó con fuerza en el rostro, el ser salió disparado y chocó contra un muro, cuando aquella cosa que chocó contra él se levantó, era una persona muy pequeña, tal vez llegaría a la altura de mi barbilla.

Terminamos de desatarnos cuando comenzamos a correr hacia la niña, que señalo un túnel en el suelo, no sabía si confiar o no, pero Gustav entró rápidamente, extendió sus brazos, -Vamos Ángelo-, Ángelo saltó velozmente, ni siquiera lo pensó, Roberto lo siguió, observé a la niña, que nos observaba sin hacer ningún gesto, me miró y señaló nuevamente la entrada del túnel, entre desconfiadamente miré hacia arriba cuando apareció aquella persona y colocó la tapa del túnel, logré observar entre las rendijas como sujetó a la pequeña y desapareció.

-No será una trampa-, dije intentando observar dentro de aquella oscuridad, -Si los seres nos alcanzan aquí no podremos escapar-

-Siempre podemos regresar e intentar huir con esos seres allá arriba- dijo Gustav palmeando mi espalda, -Tranquilo- dijo nuevamente.

-Pero falta el…-

-Tendremos que buscar nuestras cosas después- dijo

Mire aquella tapa, era imposible regresar, aquella entrada había sido bloqueada, mientras los murmullos de la ciudad se colaban, mucha gente intentaba bajar por aquellos túneles, pero les era imposible por el peso de aquellas enormes tapas, solo quedaban amontonadas gritando, para después callar.

Era imposible, continuar huyendo, era pesado, cada vez que nos movíamos, cada día era una verdadera pesadilla, pero ahí estaba el pequeño Ángelo sin quejarse, solo intentando continuar…, y yo… que cumpliría 19 cuando las estrellas estuvieran en su lugar, unos 27 o 28 días faltaban para ello, continuaba temblando frente a esos seres.

-Vamos tranquilo- dijo nuevamente Gustav sujetando mi hombro, -Concéntrate, hay que buscar una salida y continuar-, siempre quise poder mantener la calma como el, pero… era realmente muy cobarde, -Ven- dijo empujándome para observar una bifurcación en aquel túnel. -Viste la ciudad, puedes saber ¿Cuál es el túnel que nos lleva fuera?-

-Creo que mejor buscamos la salida por nosotros mismos- dijo Roberto caminando hacia un lado.

-Bien sácanos de aquí Roberto…- dije observándolo de mala gana.

-Puedo guiarnos mejor que tú…- dijo señalándome, -Al menos podría mantenernos con vida y no lanzarnos a la boca del lobo cada vez que encontramos gente…-

-Basta Roberto-

-¿A ti quien te nombro líder?-

-Los he mantenido a salvo por dos años, cosa que tu no pudiste hacer por unos días…, deja de actuar como un imbécil-

-Ja…- dijo torciendo su boca, -Vamos Ángelo-

-Por ahí no es la salida-, se escuchó otra voz en aquella oscuridad, apuntamos nuestras armas instintivamente, cuando un punto de luz se encendió de repente, alumbrándonos, apuntó a nuestros ojos, cuando la luz se desvió la pudimos ver, era aquella pequeña que nos había señalado el túnel, su piel y su cabello eran idénticos a los de la mujer, pero sus ojos eran casi blanco, levantó su mano y continuó, -Hola… ¿Me escucharon?, por ahí no es la salida- dijo mientras movía aquella linterna, la observamos un poco, era extraño que nos hablara de esa manera, como si no nos tuviera miedo -Si quieren sus cosas tendrán que seguirme- dijo adentrándose en uno de aquellos túneles.

-¿Tienen nuestras cosas?-

-Aún no, pero mi hermana las traerá- dijo pasando un montón de rocas apiladas cerca a la entrada de otro túnel, -Vamos-

Observé a Gustav de Reojo, no es que no confiáramos, pero era perturbador que nos hubiesen salvado solo porque sí, era claro que querían algo, tal vez deseaban matarnos y comernos, o deseaban hacer un sacrificio o algo más aterrador.

Gustav la miró detenidamente, -¿Cómo te llamas?-, dijo mirándola fijamente

-Puede llamarme como tú quieras- sonrió levemente, lazamos algunas miradas entre nosotros, un tanto preocupadas, cuando la pequeña al fin continuo, mientras reía un poco, -Jejejeje Me llamo Magda- dijo sonriendo pero nosotros no reíamos -Que serios, era una broma- suspiró con fuerza, -Parece que están más agrios que mi abuelo limón- nos miró nuevamente, esbozando una sonrisa, pero su rostro cambio rápidamente a uno muy serio -Olvídenlo- dijo retomando su camino mientras nos mostraba por donde ir, la seguimos con desconfianza, avanzando detrás de ella, era más fácil buscar la salida y largarnos, pero tenía nuestras pertenencias.

Escuchamos un chirrido, mientras algo se arrastraba por aquellos túneles, -Son ratas-, dijo con seriedad, -Lo único que puede pasar es que los muerdan y los maten de rabia…-

-Basta de bromas- dijo Gustav con seriedad, -Creo que no comprendes como nos sentimos-

-Se lo que se siente estar a punto de ser quemado vivo-, dijo mostrando sus tobillos, unas horribles marcas estaban en ellos, como si una soga hubiera sido encendida, -Solo que ustedes son muy negativos- dijo caminando nuevamente, podíamos escuchar algo gotear, Gustav caminó más rápido, sujetó a la pequeña y la haló con fuerza, había un enorme abismo al final del último túnel a donde habíamos llegado.

-Fiuuu, casi me mato- dijo mientras Gustav aún la sujetaba, -Ahora ¿Podrías soltarme?- Gustav parecía confundido, -Deben estar allá abajo esperándonos- dijo

-Dijiste que solo estaría tu hermana- dije

-Dije que Mi hermana traería sus cosas-

Roberto interfirió molesto, -Deja de jugar con nosotros mocosa- Sujetó aquel viejo suéter que llevaba y la alzó, se escucharon algunos golpecillos venir desde el fondo de aquel agujer,, escalando con fuerza, sujeté a Ángelo y lo halé detrás de mí, Gustav sujetó a Roberto halándolo hacía atrás, cuando algo filoso paso entre ellos y la pequeña, Gustav sacó su arma, apuntó con dificultad y disparó, pero aquella figura se agachó, y lo lanzó contra el muro.

Roberto apunto y logró disparar, pero la bala chocó contra el techo,  su arma estaba apuntando hacia arriba, aquella silueta sujeta el arma, Roberto continuó disparando al techo, halé a la pequeña al notar que trozos del techo se desprendían, la silueta se giró hacía mí, coloqué a la pequeña detrás de mí, cuando su voz resonó.

-Magda- dijo extendiendo su mano, la pequeña camino hacia la figura  -Bajaremos- dijo sin más, sujetó a la pequeña y bajó por aquellas escaleras viejas y oxidadas, mostrándonos el camino.

Cuando llegamos abajo, observamos a la mujer con nuestras pertenencias, ella cargaba algo muy grande en su espalda, la pequeña camino hacia ella, cuando la pateó, -¿Qué te sucede?-

– Dijiste que me esperarías y te fuiste-

-Magda no te pongas así…-

-No me hables, estoy muy enojada…- dijo caminando hacia lo que parecían sus cosas.

Sujeté mi mochila con rapidez, urge dentro de ella, casi todo se encontraba, pero faltaba algo, -Si es esto lo que buscas te lo regresaremos a cambio de que nos lleven con ustedes-

One Less “Día 1”

Era simplemente como si nos hubiera abandonado, aquel “pensador” nos olvidó entre sus recuerdos, entre todas sus aberrantes ideas, simplemente nos imaginó y nos arrojó al fondo de su memoria…

-¡Deja de MOVERTE!- dijo agitando sus brazos con fuerza, golpeando al enorme ser, mientras le terminaba de aplastar su grotesca cabeza con aquella enorme roca, golpeándolo sin detenerse, observando como aquella masa en su cabeza comenzaba a salir.

-Arturo- lo escuché casi como un grito, Ángelo estaba detrás de mí, había gritado asustado, intentando sujetarse de alguien, tenía aquellos ojos apagados y vacíos, mirándome fijamente sosteniendo mi arma para entregármela, yo… le había disparado varias veces a aquel ser pero me había golpeado provocando que arrojara mi arma lejos, Ángelo continuaba observándome, lo sujeté con fuerza, sentía, de algún modo, que ver eso a los diez años, era demasiado, a pesar de que ya habíamos visto demasiado.

Gustav también había sido arrojado por el ser, pero logró encontrar y alzar una roca para golpear al monstruo, lo golpeó tanto que cayó, pero continuaba y su cabeza comenzaba a parecer más una mancha que la cabeza de aquel ser.

-¡GUSTAV ES SUFICIENTE!- Roberto sujetó sus muñecas, mientras Gustav respiraba agitado intentando continuar, les tenía tanto odio, que cuando vio la posibilidad de acabar con uno no se detuvo, -Otro de esos desplantes y provocarás que nos maten…-, Nos miró, preocupado, habríamos intentado cruzar por la noche, pero los seres habían despertado al escucharme disparar, de cierto modo, era mi culpa, había observado a Gustav entrar arrojándose al suelo entré en pánico y me arrojé detrás de una roca, intenté halar mi arma, cuando el se puso en pie, sosteniendo lo que parecía ser la comida del siguiente día, un rata obesa descansaba ya entre las manos de Gustav, me sentí aliviado halé mi arma y se disparó por accidente.

Huimos, como siempre, corrimos como pudimos y por donde pudimos, ese terror, ese miedo que a pesar de los años se había apoderado de nosotros, nublando nuestro juicio… mi juicio.

-Hay que seguir- Dijo Roberto mientras halaba de Ángelo para continuar, aquellos aterradores chirridos y los terribles golpes de sus enormes garras contra el suelo se escuchaban a lo lejos y pronto nos alcanzarían, habíamos hecho tanto ruido, habíamos matado a uno de ellos, nos perseguirían hasta devorarnos.

Huimos nuevamente, intentando evadir a esos seres, corrimos por un estrecho callejón, –¡Bastardos!- era una voz muy gruesa, -¡Vengan malditos monstruos!-, escuchamos a otros humanos no muy lejos, maldiciendo a los seres, nos observamos sin hablar, Roberto hizo una seña, intentaríamos pasar cerca de ellos, para que los seres los atacaran  y ya no nos siguieran.

Continuamos avanzando entre las desmoronadas ruinas de aquella enorme e imponente ciudad, ahora solo un recordatorio del mal que hicieron nuestros antecesores, construyendo torres que llegaban al cielo… escuchamos como una vieja estructura comenzaba a desgajarse, como sus muros caían con fuerza contra el suelo, No quisimos voltear para observar , solo comenzamos a correr, intentando saltar los estorbos a nuestro paso, escuchábamos como aquellos seres corriendo, chillando y gruñendo detrás de nosotros, retorciendo sus enormes lenguas, mientras babeaban dispuestos a alcanzarnos.

Me detuve un momento, los observaba como sus enormes garras chocaban contra el suelo, arañandolo a su paso, miré sobre nosotros como varios seres comenzaban a salir de entre los muros de los edificios, Pero en vez de seguirnos corrían hacia el otro lado.

Gustav me sujetó y me empujó, invitándome a correr, fue cuando lo observé, un hombre parecía haber volado de la nada para caer cerca de nosotros, coRrí hacía el, al verlo intentar ponerse en pie.

-¡GUSTAV! ¡ARTURO!- gritó Roberto sujetando a Ángelo con fuerza, el hombre parecía muy aturdido, -¡VAMOS!-, gritó nuevamente, pero no lo escuchamos, sujetamos al hombre para intentar huir, -Por ahí no…- dijo con una voz muy baja y quebrada, nos detuvo de golpe, intentando llevarnos al lado de donde venían los seres, -¡ESPERE!-dijo Gustav halandolo para intentar continuar, Roberto nos alcanzó e hizo al hombre a un lado, -¡VAMOS!-

El suelo comenzó a retumbar con fuerza, los seres que nos perseguían comenzaron a regresar por su camino. el hombre miraba los edificios detenidamente, escuchando rugidos y golpes, cuando uno completo cayó, una enorme nube de polvo se levantó, comenzamos a retroceder, cuando la enorme garra de un ser pasó casi rozándonos, el ser continuaba agitando sus garras, cuando al fin lo observamos, podría decir que su ojo era del tamaño de mi cabeza, era enorme y rugía ferozmente.

Tropezó y cayó con fuerza, su mandíbula chocó de lleno contra el suelo,  observamos que se encontraba atrapado entre varias sogas, aparecieron más personas, sujetándolo, disparándole, mientras este se retorcía, pero había también gente sobre de él, destrozando sus nervios, casi como si lo desmembraran vivo.

Lo sujetaban con fuerza, pero este se retorcía, el hombre que había caído del cielo tomó mi arma y le apuntó al rostro, el ser rugió, pareció liberarse de algunas sogas, liberó su garra y la extendió, atrapó al hombre, apresándolo con fuerza, rugió sosteniéndolo cerca de su boca, cuando una enorme trozo de edificio y metal cayó sobre su cabeza aplastándola produciendo una enorme salpicadura de masa gris, sangre y la extraña silaba que salía de su boca.

El hombre estaba completamente batido, nosotros tampoco nos habíamos salvado de aquella porquería, el hombre nos miró un tanto aturdido, pero esbozó una sonrisa que nos aturdió al recordar una vieja escena