One Les C1 III

Y heme ahí… me encontraba en el suelo, podía sentir un hormigueo que viajaba por mi rostro, un punzante dolor en el estomago, mientras la falta de aire me hacía imposible incorporarme, me giré intentando colocar mis brazos sobre el suelo para empujarme cuando la observé siendo halada por Lucio mientras me miraba asustada y el la agitaba mientras le gritaba.

Coloqué mis palmas sobre el suelo, empujé con fuerza cuando por fin logré sentarme, intentaba comprender aquella ridícula escena que había aparecido ante mis ojos, había gente corriendo de un lado a otro, mientras gritaban, agitados, asustados…, muchos se amontonaban señalándose mientras comenzaban a apuntarse con sus armas, algún otro despistado habría disparado a la pierna de alguien por error, comenzaron a gritar, insultándose,  sentí a alguien halandome con fuerza hasta detrás de unos muros, me giré algo preocupado, creí que ahora vendrían por mí, pero era Roberto me miraba molesto, como si yo hubiera provocado todo ese caos.

-¿QUE SUCEDIÓ?-

-No lo sé…-

-Estás en medio de todo esto y ¿No sabes que sucedió?-

Negué preocupado, intentando ubicarme, recordando, -¿Qué estabas haciendo?- dijo nuevamente agitándome.

-Estaba con la pequeña… la que nos interrumpió… me encontraba sentado al lado de ella, me siguió-,  hasta un lugar donde pudiera estar solo había decidido vaciar mis ideas, intentar escribir para mí.

-¿Te dijo algo?-

-Hablaba sobre su “Lider”-, un hombre, sabio, fuerte y, como dijo ella, “peludo”, -También hablaba de ella y de su pequeña familia, pero realmente no podía entender casi nada-, era increíble la cantidad de palabras que salían de una persona tan pequeña, la cantidad de eventos y circunstancias que tenía grabadas en la cabeza, era como leer un libro a veinte páginas por minuto con una voz chillona salteando páginas y párrafos, para regresar a ellos y continuar leyendo al revés, bueno supongo que habría gente que lo hiciera, pero ella era, insoportable. Solo estaba sentado a su lado, pensando en sus palabras, al igual que yo, ella sentía cierta culpa por que sus padres murieran, pero en realidad, la culpa era solo de esos monstruos, tallaba mi cabeza, pensando en mis propias ideas, mis propios eventos, mis lastimeras tragedias que tanto había sufrido y penado. –Qué patético soy…- dije para mí, pensando en que Ángelo podría haber sido el de peor suerte.

-¡ARTURO! ¿Que más te dijo?-

-Nada más, solo hablaba de Yuri  y de su familia…-

-¿Entonces por que estas así?-

-Vino ese hombre, la mano derecha de Yurí, estaba buscando a alguien… insistía en que la niña sabía-

-Y tuviste que interferir…-

-Si…-, me golpeó en el rostro, golpeó mi estomago y luego se la llevó, no me gustaba que sucedieran ese tipo de cosas, era una niña, ella que culpa tenia sobre el actuar de los adultos que la rodeaban, pero como dijo Elena, “Los niños siempre fueron las victimas….”

-Espero así aprendas a no entrometerte donde no te llaman-

-¡Roberto!- era la voz de Gustav, parecía que se habían separado para buscarme cuando toda la confusión se desató, -Déjalo ya- dijo levantándome, -No es necesario que estés jodiendo todo el tiempo-

-Si nos hacen algo por su culpa lo joderé aún más- dijo de mala gana, haciéndose a un lado.

La gente comenzaba a pasar cerca de nosotros, nos miraban molestos hasta que una decidió señalarnos, apuntando con su mano, -¡SEGURO FUERON LOS NUEVOS!- Varias personas se acercaron furiosos, ya podía estar en pie, pero me encontraba aún mareado, -Seguro ustedes lo hicieron-

-No nos hemos movido desde que llegamos-, dijo Roberto con un rostro un tanto preocupado.

Otra persona intervino con fuerza -Espera, Lucio dice que fue ella…-

-Pero ella jamás haría algo así… era como su padre…- Las personas comenzaron a gritarse fuertemente hasta que comenzaron a pelear, mientras nosotros retrocedíamos intentando escapar de ese inexplicable caos.

-Vamos rápido-, dijo Roberto escabullendonos, mientras buscábamos aquella enorme puerta por la que habíamos entrado, observábamos a la gente correr, siendo tragadas por aquella oscuridad, solo para hundirse en una pelea que no, ante nuestros ojos, tenía sentido.

-No podremos abrirla, es demasiado grande- dijo Gustav observándola, se abría con once personas, cinco arriba y  otras seis abajo, observamos que había un pequeño espacio debajo, como si no se hubiera cerrado por completo.

La puerta comenzó a sonar, como si alguien tocara desde fuera, -¿Hay alguien afuera?- dijo Ángelo, cuando Roberto cubrió su boca, la puerta se alzó un poco nuevamente, -Vamonos- dijo Gustav sosteniendo su arma, mientras la puerta comenzaba a rechinar, chocando con el seguro que evitaba que fuera abierta por fuera.

Corrimos buscando un refugio cuando se quebró el seguro y terminó de abrirse, pero no había nadie del otro lado, observamos una sombra correr dentro, para después desaparecer, los gritos comenzaron a sonar con fuerza, mientras los disparos retumbaban.

Me encontraba completamente confundido, hasta que decidí buscar en mis ropas aquel mapa, siempre se encontraba justo debajo de mis ropas en una “bolsa” cerca de mis costillas, pero cuando lo busque, no se encontraba, -Ese maldito de Lucio sabía que tenía un mapa-

Roberto me miró algo pálido, -¿Qué?-

-No está el mapa…- dije preocupado, hasta que sentí las manos de Roberto sobre mis ropas.

-¿Seguro que no está? ¿Lo buscaste bien? ¿ACASO NO TE DISTE CUENTA?-

-Como… COMO RAYOS IBA A SABER QUE SE LLEVARÍA EL MAPA-

-¡ESO SUCEDE POR TUS RIDÍCULOS DESPLANTES!-

-¡SI TE LIMITARAS A TENER EL HOCICO CERRADO NO HUBIERA SUCEDIDO!-

¡YA BASTA!– dijo Gustav separándonos, -Vamos a tener que recuperarlo de algún modo- dijo observando a Roberto que se notaba molesto, haló con fuerza a Ángelo que simplemente parecía seguirlo calladamente, -No se queden ahí, ¡Caminen!-

Gustav se acercó a mí, -¿Estás bien?-

-Si claro…- dije mientras caminábamos, preparándonos para terminar en medio de una guerra estúpida y sin sentido en la que nada teníamos que ver, Elena dijo que la guerra contra los seres había sido terrible, no porque fuera sangrienta, sino porque los humanos habían perdido todo lo que los hacía, “humanos”.

La gente gritaba mucho, algunos solo se empujaban, intentamos pasar lo más lejos posible de ahí, aunque tuviéramos que rodear,  hasta que observamos a Lucio en medio de todo rodeado por unas personas mientras gritaba jaloneando a la niña.

-Magda- dice observando como se encontraba llorando, luchaba por intentar liberarse, -Ni se les ocurra- dijo Roberto jalándonos con fuerza, -Basta de tonterías, no es nuestro problema…-

-¡SI NO VIENES LA PARTIRÉ EN DOS!-  Gritó Lucio jalando a la pequeña, me levanté instintivamente, sujeté una roca y la arrojé con fuerza, la roca cayó entra varas personas que comenzaron a agitarse, buscando alrededor o sobre de ellos, Roberto jaló con fuerza mis ropas, -DEJA DE INTERFERIR, nos van a matar por tu cu…-

-¿Qué sucede?- dijo Gustav observado atentamente, un gran silencio se había hecho, para después escuchar cómo la gente comenzaba a correr, alejándose.

Observamos nuevamente aquel lugar, era como un teatro antiguo, había un puñado de gente discutiendo justo en el centro, Lucio parecía gritar fuertemente –¡TU LO MATASTE! ¡TE PROTEGIÓ, TE ACEPTO Y TU LO MATASTE!- gritaba mientras apuntaba frente a él, sujetando a la pequeña.

-No es así-  una persona había aparecido en medio del puñado de gente, se encontraba de pie justo frente a Lúcio.

-¡AYER ESTABA CONTIGO!-

-Yurí escapó con un mapa-, dijo, mientras Lucio continuaba sosteniendo a Magda, -Y nos abandonó-

-¡ERES UNA PERRA MENTIROSA!- dijo Lucio mientras sacaba su arma para disparar, pero ella simplemente empujó su arma a un lado, halo con fuerza a Magda y la colocó detrás de ella solo para notar como Yael corría hacia ellas para después halarla y continuar con su huida.

-¡MATENLAS!- dijo mientras apuntaban esta vez a las dos que huían, pero se  giraron al observar a uno de ellos volar.

-Vamos hacia donde van ellas-, dijo Gustav mientras corría.

-¿Pero el mapa?- dije intentando observar lo que sucedía con Lucio.

-Regresaremos por el cuándo se calme esto o todos estén muertos- dijo mirándome con seriedad.

Corrí junto a ellos hasta percatarnos de que ya las habíamos perdido, -Las cloacas ¿Dónde están?- dijo Roberto escuchando como comenzaba a resonar el suelo, como los rugidos se hacían presentes, como la gente comenzaba a gritar mientras disparaban -¡¿Gustav?!-

-¡AQUI!-, dijo jalando una tapa de metal, -¡VAMOS!-

 

 

 

One less C1 II

El nombre de aquel hombre era Yurí, parecía muy amable y agradable, y todo lo bueno que podríamos conocer, y por haberlo salvado nos llevaron con ellos, a un pueblo rodeado de murallas y enormes puertas de metal, con rejas que estaban colocadas sobre los viejos edificios y casas, y sobre de ellas había más laberintos de metal, era más como una jaula gigante con una forma bastante deforme que un refugio.

Nos alimentaron, nos ofrecieron agua y  un pequeño lugar donde descansar por tres Gloriosos días, pero no estábamos acostumbrados a ese tipo de tratos, evitábamos los pueblos para no lidiar con más gente, no es que no nos gustara, simplemente todo era tan difícil, que en ocasiones era perturbador los cambios que pedían por nuestra seguridad o por nuestras propias vidas, eso… eso lo aprendimos a las malas.

Gustav jugaba con Ángelo, siempre comportándose como si tuviera la misma edad que el, como si fueran hermanos, pero ninguno de nosotros tenía un parentesco, Caifas había muerto años antes, el era el único que compartía un lazo de sangre con Gustav, pero nosotros solo eramos cuatro desafortunados desconocidos viajando juntos, era de cierto modo triste, pero también eramos como una especie de familia, Roberto, al ser el mayor, tal vez rondaría los treinta, era como el jefe, aunque siempre terminábamos haciendo lo que Gustav decía,  el era muy listo, y resolvía los problemas muy rápido, el era dos años mayor que yo, el debía tener veintiuno, pero siempre se comportaba como si nada importara como si fuera menor que Ángelo y el tenía diez años.

-Al menos fueron más amables aquí…- dijo Roberto haciendo a un lado su arma, se encontraba recargado junto a la entrada, observando a la gente pasar, nos miraban unos segundos y luego continuaban su camino. -Fue buena idea salvar a ese hombre-

-Tu ni siquiera te detuviste a ayudarlo- dijo Gustav seriamente, -Deja de darte el credito…-

Roberto solo lo miro de reojo, sonrió levemente y continuó observando fuera, -¿Hacia donde ahora?- dijo mientras desviaba la mirada hacía mí.

Siempre me incomodaba su mirada, no es que le tuviera miedo, simplemente sentía un extraño sentir, como si solo nos utilizara, como fingiendo ser parte de nosotros, saque aquel viejo mapa de entre mis ropas, lo miré detenidamente por un momento hasta que me percaté de que poseían luz, alcé mi rostro solo para notar un pequeño foco sobre nosotros iluminándonos tenuemente en aquella oscuridad, parpadeando de vez en cuando.

Recordé repentinamente nuestro pueblo, comenzaba como un agujero en el piso que se extendía bajo tierra para dividirse en muchos pasillos y muchos cuartos, luz, agua, algo de alimento, seguridad, los seres jamás iban hacia allá, podría decirse que teníamos todo, pero…

-¿Hacía donde Arturo?-  me había perdido entre mis ideas, entre tantos recuerdos, entre tantas personas, -Hacía el Sur, por unos dos días, y luego al este hasta que casi lleguemos al mar…-

-Pero el mar es negro- dijo una voz desde fuera, -Si van al mar morirían al tocar el agua-

Era cierto, el mar era negro, el agua que tocaba las orillas de tierra muchas veces solo traía basura inservible, además de que caer en el era la muerte, te ahogarías o morirías después por la fiebre que ocasionaba beberla, pero no por ello tenia que interrumpirnos.

Una pequeña niña nos miraba desde fuera, parecía de la edad de Ángelo tal vez un poco mayor sus piel era muy pálida y sus ojos y su cabello eran claros, muy claros casi blancos  -Así es morirían- movió su mano deslizándola por su cuello mientras su dedo indice marcaba un trayecto, -Muertos…-

-Anda con tus padres mocosa- dijo Roberto de mala gana

-No tengo pa…-

-No hables con ellos- dijo otra voz detrás de la pequeña halandola levemente, -Te he dicho que no debes estar sola con ningún desconocido- era una mujer, bueno en realidad una joven, tenía su rostro muy marcado, pero parecía de nuestra edad, su piel era muy bronceada pero sus ojos y su cabello eran idénticos a los de la pequeña.

-Pero Yael, dicen que quieren ir al mar y el mar está negro, si solo tomas un sorbo de el puedes morir, incluso si lo tocas se te puede caer el brazo o te puede salir otro…- eso era realmente exagerado, pero que se podriá esperar de una pequeña.

La mujer la haló con fuerza, -Muévete Magda- cuando apareció el encapuchado, -Tranquila Yael…- pareció la voz de una mujer, -No es necesario que la jales así-

-Bien…- dijo “Yael” retrocediendo, mientras Magda sonreía y se sujetaba del brazo de la “otra”, cuando ella se giró  -Gracias por salvar a Yuri- dijo con una voz seca, mientras sus ojos nos observaba fijamente, unos ojos casi negros bastante  profundos, desvió su mirada nuevamente hacia la pequeña.

-Realmente no fue…-, dijo Gustav, pero fue interrumpido por Roberto, -Fue un placer-

Se alejaron jugando con la niña,  Roberto observaba detenidamente como desaparecían entre las viejas casa, hasta que se giró para observar a Gustav, negando como si esperará reprenderlo por algo ilógico solo para fastidiar.

-¿Y porque no nos quedamos?- dijo Ángelo poniéndose en píe, -La gente de aquí es agradable-

-No toda la gente es agradable Ángelo-, dijo Roberto, -La gente solo es amable cuando quiere o necesita algo, justo como el hombre que salvaron, si no lo hubieran salvado él nos habría ignorado- Roberto continuaba siendo tan severo como antes, aunque recuerdo un tiempo en el que era muy amable, pero he de suponer que era por ella.

-Vamos a comer- dijo Ángelo interrumpiendo mis ideas, halando de Roberto que se movió con pesadez, -Ya me siento viejo-, dijo mientras Ángelo continuaba tirando de él.

-Ya estas viejo- dijo Ángelo con cierta seriedad.

-Solo tengo veintinueve… bueno casi treinta… podría decirse que si estoy viejo-

Viejos, Daniela cumpliría la misma edad que Roberto, y que decir de Caifás, el rondaría los cuarenta, tal vez incluso los cincuenta, mucha gente se habría perdido en el transcurso de nuestras vidas, algunas solo pasaban, otras se quedaban, pero realmente casi nadie perduraba, no en esta estéril tierra, escasa de vida y oportunidades, oportunidades que se nos negaron por nacer demasiado tarde, o tal vez por solo nacer.

-¿Qué te sucede Arturo?- dijo Roberto de pie, frente a mí, me había perdido en mis ideas y recuerdos, tanto así que dejé de escucharlos.

-Lo siento, solo pensaba en mis padres…-

Roberto instantáneamente se puso serio, negó levemente para girarse y caminar hasta donde se encontraban Ángelo y Gustav, cuando se detuvo.

-Bueno, Daniela cumpliría treinta, de tus padres… no lo sé…-

-Yo menos…-, dije suspirando, podrían tener la misma edad que Caifas, tal vez serían mayores, pero ese terrible evento, los consumió, no sabía realmente que les habría pasado, solo que ellos murieron, salvándome, no pude defenderlos, ni si quiera pude evitar aquello, pero me sentía culpable.

-Supongo que ya eres mayor para saberlo-, dijo con seriedad, -Ellos murieron por intentar salvarte, ¿Lo sabes no es así?-

-Lo sé- dije con seriedad, sabía que estaba a punto de joderme, de alguna manera buscaba la forma de reprocharme  y hacerme sentir peor.

-Corrieron mientras gritaban tu nombre, cuando observaron al ser, este te sujetaba mientras su lengua terminaba de pasar por tu cuello, tu padre le disparó varias veces hasta que el ser te liberó, cuando caíste tu madre te sujetó te cubrió, el ser pasó su garra mientras hería a tu madre, tu padre continuó disparandole para que fuera detrás de el, alejándolo de ustedes, esa fue la última vez que vi a tu padre, tu madre te llevó con Daniela, tomó un arma para poder ir a buscar a tu padre, pero no regresó… y Daniela…  Daniela… no sé si valió la pena tanto sacrificio para salvarte, pero así fue- dijo Roberto mirándome fijamente, casi disfrutándolo,

-Si… lo sabía- dije mientras guardaba mis pertenencias y me ponía en pie, -Pero por lo menos podrías habértelo guardado hasta que estuvieras a punto de morir- dije mientras salía de aquella habitación.

-¿A dónde vas?- dijo Gustav observándome, pero lo ignoré continúe mi camino, solo logré escuchar a Gustav discutiendo con Roberto, no me molestaba el hecho de que fuera mi culpa, sabía que había sido mi culpa, que por mi todo eso se había suscitado, pero que Roberto me lo dijera de esa manera, me ponía me hacia enfurecer, solo tenía cinco años, que hubiera podido hacer.

Esos malditos seres, esos malnacidos monstruos… me sentía iracundo, caminaba en aquella ciudadela, rodeado de gente que tan solo buscaba calor, rodeando las fogatas, los toneles llenos de basura incendiándose, el molesto humo disipándose en el frío viento, me giré un momento, observando como la vida parecía un poco pacifica en ese lugar, algunas familia sobreviviendo al frío, mientras charlaban, amigos haciendo bromas, parecía tan distante de  nuestra realidad.

Caminé hasta terminar en un angosto pasillo cuando resonó una voz, -¿Siempre es así de molesto?- Era nuevamente esa pequeña, mirándome.

-¿Porque no vas con tus padres?- dije con mala gana.

-Tendría que morir para estar con ellos…-, me sentí un poco mal, era solo una niña, como Ángelo, intentando encontrarle el lado divertido a todo ese caos, -Murieron ayudándonos a escapar…-, al igual que yo, -Yuri dice que están mejor… pero están muertos… no hay nada más…-

Decir lo lamento habría sido lo ideal, pero … -Ellos están mejor… ahora no tienen que huir ni preocuparse…-

-Es lo que dice Yael… pero ya no me acuerdo de ellos…- giró su mirada un instante -No… ya no los recuerdo…- dijo nuevamente mientras sonreía.