Quejas inútiles

No es que siempre haya sido así, para nada, siempre he sido de carácter calmado, procuro pedir todo por favor, intento cubrir todo lo que llevo en tiempo y forma, pero cuando tu profesionalismo es criticado por tu apariencia, cuando miden tu desempeño como profesional por tu capacidad para desempeñarte como técnico, ingeniero, médico o incluso mecánico y cuando consideran que a pesar de todo el buen trabajo eres un “Pendejo”, que trabaja desde las 8 y tu hora de salida es a las 7, con dos horas de comida, pero terminas entrando a las 8 y sales a las 8 sin horas de comida, solo por que “HAY MUCHO TRABAJO” y tu salario sigue igual por que “NO TE VISTES COMO PROFESIONAL” y peor cuando llegas tarde porque tu hijo no se quería tomar la medicina que necesita y te reclaman que vas a tener que quedarte más tiempo es hora de evaluar que es lo mejor para MÍ.
Así que me quito la camiseta y emprenderé un nuevo viaje…

One Less

Sumergido en mis ideas, perdido entre tantos y tantos recuerdos, tan solo intentando acomodar algo o solo, tal vez, llenar un hueco, estaba sentado, leyendo aquel viejo diario, llevaba alrededor de un año sin tocarlo, y es que estaba tan perdido que había olvidado intentar continuar.

No todo fue grato, mucho de lo ahí escrito era triste, y en ocasiones tan solo leerlo para mi hacía que todo fuera bastante depresivo, pero en algún momento, en algún punto, todo comenzó a cobrar sentido, todo ese caos, todo ese dolor y las perdidas comenzaban a tener alguna importancia, no era solo dedicarme a quejarme y continuar de mala gana, tan solo huyendo, era como si algo me hubiera empujado de repente.

Me giré al escuchar algo crujir como si la puerta se hubiera abierto, pero no era de esa manera, hace mucho tiempo que la puerta habría dejado de abrirse, solo me encontraba inmerso en esa enorme sala, con la insoportable luz blanca parpadeando de vez en cuando, encendiendo solo para anunciar el día, y apagándose cuando la noche llegaba.

No había sonidos, no podía ver el terrible exterior, tan solo encerrado, recordaba el aroma de la arena, el murmullo del viento en las noches frías, cuando la fogata bailaba invitándonos a tomar su calor, mientras nos levantábamos para apagarla y continuar con nuestro viaje.

Las risas y platicas…

Todo eso revoloteaba en mi cabeza, hasta que decidí tomar mi diario, y leerlo, solo una ultima vez para mí… por ellos.