One less C1 II

El nombre de aquel hombre era Yurí, parecía muy amable y agradable, y todo lo bueno que podríamos conocer, y por haberlo salvado nos llevaron con ellos, a un pueblo rodeado de murallas y enormes puertas de metal, con rejas que estaban colocadas sobre los viejos edificios y casas, y sobre de ellas había más laberintos de metal, era más como una jaula gigante con una forma bastante deforme que un refugio.

Nos alimentaron, nos ofrecieron agua y  un pequeño lugar donde descansar por tres Gloriosos días, pero no estábamos acostumbrados a ese tipo de tratos, evitábamos los pueblos para no lidiar con más gente, no es que no nos gustara, simplemente todo era tan difícil, que en ocasiones era perturbador los cambios que pedían por nuestra seguridad o por nuestras propias vidas, eso… eso lo aprendimos a las malas.

Gustav jugaba con Ángelo, siempre comportándose como si tuviera la misma edad que el, como si fueran hermanos, pero ninguno de nosotros tenía un parentesco, Caifas había muerto años antes, el era el único que compartía un lazo de sangre con Gustav, pero nosotros solo eramos cuatro desafortunados desconocidos viajando juntos, era de cierto modo triste, pero también eramos como una especie de familia, Roberto, al ser el mayor, tal vez rondaría los treinta, era como el jefe, aunque siempre terminábamos haciendo lo que Gustav decía,  el era muy listo, y resolvía los problemas muy rápido, el era dos años mayor que yo, el debía tener veintiuno, pero siempre se comportaba como si nada importara como si fuera menor que Ángelo y el tenía diez años.

-Al menos fueron más amables aquí…- dijo Roberto haciendo a un lado su arma, se encontraba recargado junto a la entrada, observando a la gente pasar, nos miraban unos segundos y luego continuaban su camino. -Fue buena idea salvar a ese hombre-

-Tu ni siquiera te detuviste a ayudarlo- dijo Gustav seriamente, -Deja de darte el credito…-

Roberto solo lo miro de reojo, sonrió levemente y continuó observando fuera, -¿Hacia donde ahora?- dijo mientras desviaba la mirada hacía mí.

Siempre me incomodaba su mirada, no es que le tuviera miedo, simplemente sentía un extraño sentir, como si solo nos utilizara, como fingiendo ser parte de nosotros, saque aquel viejo mapa de entre mis ropas, lo miré detenidamente por uno tiempo hasta que me percaté de que poseían luz, alcé mi rostro solo para notar un pequeño foco sobre nosotros iluminándonos tenuemente en aquella oscuridad, parpadeando de vez en cuando.

Recordé repentinamente nuestro pueblo, comenzaba como un agujero en el piso que se extendía bajo tierra para dividirse en muchos pasillos y muchos cuartos, luz, agua, algo de alimento, seguridad, los seres jamás iban hacia allá, podría decirse que teníamos todo, pero…

-¿Hacía donde Arturo?-  me había perdido entre mis ideas, entre tantos recuerdos, entre tantas personas, -Hacía el Sur, por unos dos días, y luego al este hasta que casi lleguemos al mar…-

-Pero el mar es negro- dijo una voz desde fuera, -Si van al mar morirían al tocar el agua-

Era cierto, el mar era negro, el agua que tocaba las orillas de tierra muchas veces solo traía basura inservible, además de que caer en el era la muerte, te ahogarías o morirías después por la fiebre que ocasionaba beberla, pero no por ello tenia que interrumpirnos.

Una pequeña niña nos miraba desde fuera, parecía de la edad de Ángelo tal vez un poco mayor sus piel era muy pálida y sus ojos y su cabello eran claros, muy claros casi blancos  -Así es morirían- movió su mano deslizándola por su cuello mientras su dedo indice marcaba un trayecto, -Muertos…-

-Anda con tus padres mocosa- dijo Roberto de mala gana

-No tengo pa…-

-No hables con ellos- dijo otra voz detrás de la pequeña halandola levemente, -Te he dicho que no debes estar sola con ningún desconocido- era una mujer, bueno en realidad una joven, tenía su rostro muy marcado, pero parecía de nuestra edad, su piel era muy bronceada pero sus ojos y su cabello eran idénticos a los de la pequeña.

-Pero Yael, dicen que quieren ir al mar y el mar está negro, si solo tomas un sorbo de el puedes morir, incluso si lo tocas se te puede caer el brazo o te puede salir otro…- eso era realmente exagerado, pero que se podriá esperar de una pequeña.

La mujer la haló con fuerza, -Muévete Magda- cuando apareció el encapuchado, -Tranquila Yael…- pareció la voz de una mujer, -No es necesario que la jales así-

-Bien…- dijo “Yael” retrocediendo, mientras Magda sonreía y se sujetaba del brazo de la “otra”, cuando ella se giró  -Gracias por salvar a Yuri- dijo con una voz seca, mientras sus ojos nos observaba fijamente, unos ojos casi negros bastante  profundos, desvió su mirada nuevamente hacia la pequeña.

-Realmente no fue…-, dijo Gustav, pero fue interrumpido por Roberto, -Fue un placer-

Se alejaron jugando con la niña,  Roberto observaba detenidamente como desaparecían entre las viejas casa, hasta que se giró para observar a Gustav, negando como si esperará reprenderlo por algo ilógico solo para fastidiar.

-¿Y porque no nos quedamos?- dijo Ángelo poniéndose en píe, -La gente de aquí es agradable-

-No toda la gente es agradable Ángelo-, dijo Roberto, -La gente solo es amable cuando quiere o necesita algo, justo como el hombre que salvaron, si no lo hubieran salvado él nos habría ignorado- Roberto continuaba siendo tan severo como antes, aunque recuerdo un tiempo en el que era muy amable, pero he de suponer que era por ella.

-Vamos a comer- dijo Ángelo interrumpiendo mis ideas, halando de Roberto que se movió con pesadez, -Ya me siento viejo-, dijo mientras Ángelo continuaba tirando de él.

-Ya estas viejo- dijo Ángelo con cierta seriedad.

-Solo tengo veintinueve… bueno casi treinta… podría decirse que si estoy viejo-

Viejos, Daniela cumpliría la misma edad que Roberto, y que decir de Caifás, el rondaría los cuarenta, tal vez incluso los cincuenta, mucha gente se habría perdido en el transcurso de nuestras vidas, algunas solo pasaban, otras se quedaban, pero realmente casi nadie perduraba, no en esta estéril tierra, escasa de vida y oportunidades, oportunidades que se nos negaron por nacer demasiado tarde, o tal vez por solo nacer.

-¿Qué te sucede Arturo?- dijo Roberto de pie, frente a mí, me había perdido en mis ideas y recuerdos, tanto así que dejé de escucharlos.

-Lo siento, solo pensaba en mis padres…-

Roberto instantáneamente se puso serio, negó levemente para girarse y caminar hasta donde se encontraban Ángelo y Gustav, cuando se detuvo.

-Bueno, Daniela cumpliría treinta, de tus padres… no lo sé…-

-Yo menos…-, dije suspirando, podrían tener la misma edad que Caifas, tal vez serían mayores, pero ese terrible evento, los consumió, no sabía realmente que les habría pasado, solo que ellos murieron, salvándome, no pude defenderlos, ni si quiera pude evitar aquello, pero me sentía culpable.

-Supongo que ya eres mayor para saberlo-, dijo con seriedad, -Ellos murieron por intentar salvarte, ¿Lo sabes no es así?-

-Lo sé- dije con seriedad, sabía que estaba a punto de joderme, de alguna manera buscaba la forma de reprocharme  y hacerme sentir peor.

-Corrieron mientras gritaban tu nombre, cuando observaron al ser, este te sujetaba mientras su lengua terminaba de pasar por tu cuello, tu padre le disparó varias veces hasta que el ser te liberó, cuando caíste tu madre te sujetó te cubrió, el ser pasó su garra mientras hería a tu madre, tu padre continuó disparandole para que fuera detrás de el, alejándolo de ustedes, esa fue la última vez que vi a tu padre, tu madre te llevó con Daniela, tomó un arma para poder ir a buscar a tu padre, pero no regresó… y Daniela…  Daniela… no sé si valió la pena tanto sacrificio para salvarte, pero así fue- dijo Roberto mirándome fijamente, casi disfrutándolo,

-Si… lo sabía- dije mientras guardaba mis pertenencias y me ponía en pie, -Pero por lo menos podrías habértelo guardado hasta que estuvieras a punto de morir- dije mientras salía de aquella habitación.

-¿A dónde vas?- dijo Gustav observándome, pero lo ignoré continúe mi camino, solo logré escuchar a Gustav discutiendo con Roberto, no me molestaba el hecho de que fuera mi culpa, sabía que había sido mi culpa, que por mi todo eso se había suscitado, pero que Roberto me lo dijera de esa manera, me ponía me hacia enfurecer, solo tenía cinco años, que hubiera podido hacer.

Esos malditos seres, esos malnacidos monstruos… me sentía iracundo, caminaba en aquella ciudadela, rodeado de gente que tan solo buscaba calor, rodeando las fogatas, los toneles llenos de basura incendiándose, el molesto humo disipándose en el frío viento, me giré un momento, observando como la vida parecía un poco pacifica en ese lugar, algunas familia sobreviviendo al frío, mientras charlaban, amigos haciendo bromas, parecía tan distante de  nuestra realidad.

Caminé hasta terminar en un angosto pasillo cuando resonó una voz, -¿Siempre es así de molesto?- Era nuevamente esa pequeña, mirándome.

-¿Porque no vas con tus padres?- dije con mala gana.

-Tendría que morir para estar con ellos…-, me sentí un poco mal, era solo una niña, como Ángelo, intentando encontrarle el lado divertido a todo ese caos, -Murieron ayudándonos a escapar…-, al igual que yo, -Yuri dice que están mejor… pero están muertos… no hay nada más…-

Decir lo lamento habría sido lo ideal, pero … -Ellos están mejor… ahora no tienen que huir ni preocuparse…-

-Es lo que dice Yael… pero ya no me acuerdo de ellos…- giró su mirada un instante -No… ya no los recuerdo…- dijo nuevamente mientras sonreía.

One Less C1 I

El andar se hacía pesado, agotador, el frio que emanaba de la tierra se sentía en cada parte de nuestro cuerpo, golpeaba con fuerza nuestros rostros, mientras el viento levantaba el polvo y la arena que se lograba colar entre nuestras ropas, y en ocasiones, se metía en nuestros ojos y boca, obligándonos a escupir o incluso beber nuestras pocas reservas de agua.

-Solo un poco más-, decía Roberto con su duro rostro, mientras su cabeza se descubría de vez en cuando con el aire, dejando ver su mal cortado cabello  negro y el espacio de una cicatriz que hacia tanto tiempo había olvidado.

Solo un poco más, falta poco, pronto estaremos ahí, palabras sin sentido que llegaban a nosotros como un intento de aliento, de esperanza, pero que muchas veces solo daban paso a un vamos son solo unos pasos más y aun así parecía inalcanzable nuestro destino.

-Miren, llegamos-, dijo mientras giraba para señalar la ciudad a oscuras, halo a Ángelo del hombro para obligarlo a continuar, guiándonos a algún sitio donde pudiéramos refugiarnos antes de que saliera el sol.

Ah… mi vida que simplemente flotaba sobre esta árida tierra, porque no concebía ningún futuro, ningún otro paso que pudiese dar para cambiar mi camino, y ese camino solo nos llevaba a la muerte segura, es obvio ya que todos morimos, no de la misma manera, no al mismo tiempo, pero morimos, nadie lo notará, porque están tan aferrados a la “vida”, que se olvidan de aquello que amaron y no recuerdan lo que realmente saborearon…

-Es suficiente Arturo, deja de jugar con ese libro y haz tu turno-

-Lo sé, solo intentaba…-

-Perder el tiempo, deja eso y pon atención-

-Si, ya voy-, no es que me quejase seguido, de a dos hacíamos las guardias, cuidándonos  en el día  de las bestias que salían de entre los escombros tan solo para buscarnos y comernos, o cuidarnos en las noches para evitar a otros humanos que intentaban, al igual que nosotros, sobrevivir a cualquier costo, pero escribir realmente era grato, de cierto modo, tener la habilidad de sacar aquello que sentías que te molestaba, sin que nadie te juzgara, escribir y leer era como platicarte a ti mismo tu propias ideas, sentires y de cierto modo darte consuelo, nada más.

-Arturo-

-Ya estoy aquí- dije parado frente a la fogata, con aquel rostro molesto, cruzado de brazos mientras esperaba a que el fuera a dormir.

-Tu arma-, si claro…, aunque de cierto modo prefería llevar algo con que escribir antes que cargar un arma, siempre era más que necesario. Tomé mi arma de mala gana y la coloque a mi lado, me senté sobre una piedra que tenía una confortable forma y saqué mi libro, sin que Roberto lo notara, debía seguir escribiendo antes de que olvidara todo, no es que lo olvidara en un instante, si no que podría omitir eventos o situaciones que sentía que eran importantes…, intente continuar, pero su voz intervino.

-Y esta vez ¿Por qué se enojó?- Gustav me miraba con aquellos ojos pétreos color cobre, mientras el fuego que estaba a nuestro lado a duras penas lograba tocarnos con su calor, y aunque ya conocía la respuesta a su propia pregunta, continuaba haciéndola.

-Lo de siempre-, dije intentando continuar con mis anotaciones, pero interrumpido por su punzante mirada, -¿Qué es lo quieres?- dije mientras alzaba la vista de mala gana.

-Que continúes leyendo, pero en voz alta- dijo mientras me extendía aquel diario que guardaba para sí.

-¿Seguro? Roberto se molestará…-

-Lo sé, pero…- dijo observando el libro con nostalgia, -Al final lo único que queda de aquellos a los que amas o amaste son los recuerdos de ellos, solo eso, por lo menos escuchar sus extravagantes historias hace que se aligere la carga de continuar viviendo sin ellos-, Gustav siempre tenía esa mirada lánguida y vacia, y, a pesar, de que siempre tenia un rostro amable y sonriente, era bastante deprimente.

-Lo sé-, dije guardando mis cosas para tomar su libro –Podría enseñarte a Leer, así no necesitarías que yo lo leyera por ti-

-Ya te dije, solo uno de los dos puede estar distraído mientras hacemos la guardia- dijo alzando su arma, para cargarla, -Solo continua- dijo mientras yo intentaba leer aquellas, en ocasiones, inentendibles ideas y pareciese que inentendibles palabras. –Solo lo que puedas, intentaré escuchar atentamente-, dijo nuevamente mientras descubría su cabeza dejando ver su frondoso cabello del mismo tono que sus ojos.

No es que yo siempre fuese así, tan observador, pero me sorprendía su inusual color de cabello, el cabello de Roberto era negro, al igual que sus ojos y yo diría que también su alma, Ángelo tendría el cabello como la tierra, y sus ojos eran igual, aunque la falta de sol había hecho que algunos tuviéramos la piel más clara, él era de un tono, por decir, normal, y que decir de mí, cabello café, ojos azules piel normal, aunque decir normal no dice mucho, era un tono adecuado en el cual podríamos distinguirnos en la oscuridad, no digo que brilláramos, mucho menos que tuviéramos destellos, pero por lo menos del color de la arena o más claro, si era, pero su tono de cabello y sus ojos eran particularmente raros.

Y a pesar de él que era dos años mayor que yo, nunca aprendió a leer, no es que fuese tonto, para nada, solo que las circunstancias que nos envolvieron antes de cruzar nuestros caminos, no fueron iguales. Nacimos en ambientes diferentes y por suerte o por mala suerte, como yo lo veía, llegamos a esta edad juntos, -Sobre todo su diserta voz…-, intentaba leer atentamente las anotaciones de Caifás, pero en ocasiones las ideas comenzaban a tomar su propia fuerza y rumbo y me era imposible comprenderlas y leerlas.

-¿Qué fue eso?-, dijo Gustav levantándose de golpe, sosteniendo su arma, mientras caminaba hacia donde se encontraba aquel ruido que había perturbado su concentración, guarde rápidamente mis pertenencias y resguardé aquel libro, ya sería la quinta vez que habría perdido un diario, o un libro que no me pertenecía, y si perdía este, Gustav seguro enfurecería.

Coloque mi mochila alrededor de mí, giré para intentar tomar mi arma, cuando observé a Gustav corriendo frente a mí, mientras saltaba para arrojarse al suelo, me tumbe a un lado de donde me encontraba sentado, me oculté detrás de la roca, mientras observaba, intentando entender que estaba sucediendo. Miré la correa de mi escopeta, y tiré de ella, observé que Gustav se incorporaba para solo darme cuenta de que entre las manos tenía una enorme rata muerta, suspiré profundamente, halando la correa, para notar que el seguro no estaba puesto y que se había disparado para salir volando lejos de mi alcance.

Gustav me miró sorprendido, todo se notaba quieto y callado, Roberto se incorporó rápidamente, solo para observarnos con aquellos ojos profundamente negros de castigo, levantó a Ángelo velozmente, mientras nosotros recogíamos las pocas pertenencias que teníamos. Ese terrible sonido del suelo siendo golpeado con fuerza retumbaba levemente.

-¡RAPIDO!-, gritaba Roberto mientras nosotros solamente temblábamos, intentando no perder la cabeza e intentar huir.

-VAMOS ¡QUE ESPERAN!-

Siempre era así, un solo error y todo podía acabar de una manera terrible, correr, esconderte, medio comer, medio dormir, medio vivir, y seguir corriendo, no había sentido, a donde sea que fuéramos, siempre había de esos seres, corriendo tras nosotros, no sé si era un mal del mundo, o simplemente alguien se cansó de nosotros.

-¡VAMOS ARTURO!- dijo Roberto mientras me empujaba, aún recordaba la vez en que ocurrió algo similar, no habría sido mi culpa, pero de todos modos, aquella ocasión sentí que yo había provocado todo eso.

-¡GUSTAV!- grito Roberto mientras observábamos como delante de nosotros ya se vislumbraban unos pequeños puntos amarillos en la oscuridad que se acercaban rápidamente, -¡VAMOS, VAMOS!-  dijo empujándonos dentro de una casa que seguro no tendría salida, pero que más podíamos hacer en aquella situación.

-Rápido una salida-, dijo mientras corríamos a la parte trasera de la casa, para notar una gran ventana. –Por ahí-, dijo mientras levantaba a Ángelo y se lo pasaba a Gustav, -Date prisa Arturo- dijo halando de mí, saltando por la ventana, para escuchar a esos seres chocar fuertemente con la pared de aquella casa.

-¿HACIA DONDE?-, grito Gustav observando a Roberto mirar alrededor para notar que había un estrecho pasillo a un lado de nosotros.

-Por aquí-, dijo en voz baja, moviéndose rápidamente intentando no hacer ruido, Roberto cargaba su arma, mientras se deslizaba lentamente junto a la pared para asomarse, noto que los monstruos se encontraban cerca, retiro su cuerpo de la orilla, suspiró con fuerza, y se asomó nuevamente, mientras los ruidos dentro de aquella casa se hacían más fuertes.

Roberto miró otra casa con ventanas destrozadas, observó lentamente hasta que se lanzó, desapareciendo en aquella oscuridad, miré a Gustav y el asintió levemente, mientras sostenía a Ángelo de la mano, observamos detenidamente aquella construcción para notar un ligero destello, miré por la orilla de aquella pared, para ver que los seres no estuvieran cerca, observé a Ángelo y descubrí si rostro para notar a que a pesar de aún ser un niño pareciese que hubiera dominado aquel temor. –Vas a correr y te lanzas dentro de esa ventana, ¿La vez?- dije señalando en voz baja.

El simplemente asintió, miré nuevamente y lo empuje con fuerza para que fuera más sencillo, corrió rápidamente y se arrojó por la ventana.

-¿Gustav?- dije mirando como apuntaba su arma por el pasillo, escuchando el crujir de los escombros en el piso. –¿Los dos?-

-Sí, rápido- dijo mientras observaba que los seres rondaban cerca, -Ya-, dije halando de él, mientras corríamos para aventarnos por aquella ventana, caímos levemente, cuando los sonidos del choque de sus patas con el suelo comenzaban a acercarse a nosotros, observamos la garra de un ser pasar sobre nosotros, rodamos rápidamente cuando el ser se intentó arrojar dentro de la casa, la mitad de su cuerpo quedó atorado en la ventana, intentamos correr, pero chocamos con Roberto que estaba de pie apuntando, cuando  Roberto estuvo suficientemente cerca de él, simplemente disparó, -Vamos…-, dijo mientras los otros seres se encontraban atrapados entre el cuerpo del ser y nosotros, corrimos desesperadamente hasta que llegamos a lo que parecía un calle principal de la ciudad, estaba atestada de autos y en algunas zonas se notaban encimados, llenos de tierra y objetos sin importancia, corríamos a través de ellos, mientras Roberto giraba de vez en cuando observando detrás de nosotros.

Gustav y yo nos giramos, observamos como los seres comenzaban a salir del pasillo, chocando entre ellos mientras rugían, continuamos corriendo hasta que nos topamos con un hombre, parecía desorientado, casi perdido, Roberto continuó avanzando, lo ignoraba como siempre, pero Gustav y yo nos detuvimos, lo miramos, sangraba de uno de sus oídos, tenía varios golpes, estaba lleno de polvo -¡Corra!-

Nos miraba como si intentara ubicarnos, -¡No nos conoce corra!-, dijimos mientras lo halábamos, corrimos, escuchando a los seres, hasta que los ruidos se detuvieron y comenzaron a alejarse, nos detuvimos tan solo unos segundos, solo para percatarnos de que los seres ya no corrían detrás de nosotros, -¿Roberto?-, dijo Ángelo algo temeroso, mientras el hombre junto a nosotros intentaba ubicarse.

Sentimos aquel retumbe en el suelo, pero esta vez se sentía como si proviniera de un ser enorme, una sombra comenzó a formarse sobre nosotros, para caer con fuerza, era un enorme monstruo, llevaba sogas que colgaban de su cuerpo, otras parecían estar atadas a él, el ser lanzó un golpe frente a nosotros, pero Gustav disparó evitando que el ser atrapara al hombre, -¡MUEVETE!-, dijo Gustav empujándolo.

Otra sombra, mucho más pequeña, salió de la nada, sujeto una de las sogas y saltó sobre el ser, este comenzó a retorcerse de un lado a otro, chocando su espalda contra los muros, la soga se tensó para jalar la garra del ser y provocar que cayera.

El hombre se incorporó para sacudirse, nos miró algo torpe –¿Me prestarías tu arma?- dijo observando a Gustav, estábamos sorprendidos, Gustav le entregó su arma rápidamente, pero el hombre parecía simplemente mantener la calma, observó al ser, hasta que este se tumbó en el suelo intentando girar al otro lado para librarse, observamos como varios hombres salían de todas partes para sujetar las sogas, mientras la otra sombra se encontraba sobre la cabeza del ser, apuñalándolo, cuando el ser abrió los ojos para ver al hombre, este disparó directo en el ojo, el ser se retorció mientras su sangre salpicaba, el hombre apuntó al otro ojo y disparó, otro hombre apareció de repente, se acercó entregándole una especie de lanza, el enorme monstruo chillaba, sus garras estaban atrapadas y forcejeaba intentando ponerse en pie, cuando el hombre clavó la lanza por su ojo hueco, enterrándola lo más profundo que podía, mientras el monstruo chillaba de dolor, para después solo retorcerse y quedar inmovil. La persona que estaba sobre el ser bajo frente al cuerpo sacudía sus brazos -Muy buen trabajo-, dijo el hombre.

-¡YURI!-, un hombre se acercó rápidamente, -¿Estás bien?, creímos que habías muerto luego que el ser te lanzó-

-Estoy bien, estos jóvenes me salvaron-, dijo señalándonos.